La laparoscopia en Urología se inicia en España con Páramo en 1977 para el diagnóstico de los testículos intraabdominales. En 1986 Sánchez de Badajoz hace la primera varicocelectomía endoscópica. En 1989 Schuessler, urólogo norteamericano, hace la primera linfadenectomía laparoscópica. En 1991 Clayman, hace la primera nefrectomía y en España Rioja en 1992 hace la primera nefrectomía laparoscópica.

En el Congreso Americano de Urología de Toronto en 1991 se pronosticó que en poco tiempo se podrían hacer una gran parte de la cirugía urológica con técnicas laparoscópicas.

Nosotros pensamos que las posibilidades de la laparoscopia solo están limitadas por la existencia de instrumental adecuado y por la creatividad del cirujano.

Actualmente la especialidad de urología vive un momento importante de cambio: la cirugía laparoscópica emerge con fuerza consolidándose como el nuevo estándar en muchas indicaciones quirúrgicas urológicas, sustituyendo a la cirugía abierta. En la actualidad estamos realizando por laparoscopia de forma más o menos rutinaria, las siguientes intervenciones:

Nefrectomías totales, Nefrectomías parciales, Plástias pielo ureterales, Quistectomía renales, Pielolitotomía y Prostatectomías radicales por Cáncer de próstata.

De todas estas patologías enumeradas anteriormente la cirugía laparoscopica está con una indicación relevante en todo lo que es cirugía renal, tanto de exéresis (nefrectomías) como reconstructiva (Pieloplastias, nefrectomías parciales, quistectomías, etc...). También tiene un papel destacado en la cirugía radical del cáncer de próstata (prostatectomía radical laparoscópica)

En comparación con la cirugía abierta clásica las intervenciones laparoscópicas aportan una serie de ventajas:

  • Acortamiento de la estancia hospitalaria (2,8 días) encomparación con la cirugía abierta (7,3 días)
  • Disminución del requerimiento de analgesia post operatoria por menor dolor.
  • Menor requerimiento de necesidad de transfusiones, por menor sangrado
  • Disminución del tiempo de incorporación a su actividad profesional habitual (de 17 a 21 días) en relación con la cirugía abierta (de 35 a 45 días)
  • Tiempo de duración de la cirugía similar a la cirugía abierta
  • Menor cicatriz y por lo tanto menos invasiva
  • Menor riesgo de infecciones de herida, por menor cicatriz
  • Menor porcentaje de complicaciones

Por todo esto, hoy en día, la cirugía minimamente invasiva renal y del cáncer de próstata está superando en efectividad y seguridad a las técnicas abiertas y cada vez en más hospitales y clínicas se está incluyendo la cirugía laparoscópica como tratamiento de estas patologías de forma rutinaria.